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MEMORIAS DE CONQUISTA PARA UN TERRITORIO  
Lic. Myriam Moniz
Venezuela
 

Venezuela como toda nación esta constituida por tres interesantes elementos axiomáticos funcionales, que recuerdan al cuerpo humano, donde cada uno de ellos no puede existir sin el otro, estos son: Territorio (tronco y extremidades), Gobierno (intelecto) y Población (espíritu). Tenemos un territorio dependiente de un gobierno Espiritual en cuya población reside la soberanía de un país, manifestada a través de la voluntad de un pueblo que sustenta su intelecto desde la perspectiva divina para lograr cambiar paradigmas existenciales en la memoria de sus ciudadanos y expandir una nueva visión – misión, unidos todos por el propósito de Dios para Venezuela, para Latinoamérica y para el mundo.

Hace casi dos centenarios, en un mes como este (julio de 1811) el Congreso declara solemnemente la formación e integración de los pueblos latinoamericanos, como un cuerpo; lucha que aún no cesa y persiste latente en el corazón de Sudamérica y en el corazón de Dios. El acta suscrita por las 7 provincias que gestaron esta conquista, da inicio con las palabras «en el nombre de Dios Todopoderoso» dejando de manifiesto que desde épocas pasadas se entendió la necesidad de actuar en alianza de cuerpo y con la Bendición de Dios, para lograr determinantes y grandes conquistas. Aquello de la Venezuela multiétnica y pluricultural que reza el preámbulo de la Constitución es un elemento bien logrado como parte de su caracterización, pero como parte de su esencia o definición, debemos incorporar tres elementos axiomáticos existenciales de una nación o territorio. Para la corriente clásica, existen tres interesantes elementos constitutivos de una nación y se asemejan a las condiciones del cuerpo humano, donde cada uno de ellos no puede existir sin el otro, estos son: Territorio (tronco y extremidades), Gobierno (intelecto) y Población (espíritu). Si conceptualizamos “cuerpo” tenemos delante de nosotros, una regla sine qua non y es que el Espíritu de Dios transforma nuestra mente para vivir como un cuerpo en Cristo. La corriente contemporánea plantea que no tiene sentido hablar de elementos constitutivos de un territorio y relacionarlos con el cuerpo humano, para ellos existen condiciones existenciales de un Estado y ahí si coinciden con la doctrina clásica pero hacen una explicación distinta del significado de cada condición existencial: Territorio (necesidad de este para el establecimiento del Estado), Población (en ella reside la soberanía) y gobierno (autoridad, que da orden y establece normas). • Población: (espíritu) El conjunto de personas que se encuentran vinculadas por razones de etnia, religión, lengua, historia y tradiciones comunes, familias (mishpachah, strong 4940) asentadas organizadamente en un territorio determinado, en un momento determinado, en el tiempo kairos de Dios para alcanzar y vivir el propósito para el cual, cada uno de nosotros fue llamado; tomando en consideración que en el espíritu de nuestro padre Abraham serían benditas todas las familias de la tierra. • Territorio: (cuerpo.- tronco y extremidades.) La porción del globo terráqueo donde tiene su asiento el Estado y este constituye: la tierra firme (suelo y subsuelo); mar territorial, zona marítima contigua, zona económica exclusiva; el espacio aéreo, espacio extra-terrestre y los territorios insulares. Estos aspectos determinan los límites del Estado y la vecindad con otro Estado. • Gobierno: (mente.- Intelecto) Conjunto de órganos, por medio de los cuales se garantiza la seguridad estatal. Se mantiene gracias al pago de los tributos, la acción de los ciudadanos contribuyendo con los cargos públicos. Es un concepto del Estado y para el Estado, pero no es el Estado. El espíritu de una nación bajo el propósito de Dios, se revela en expansión Tierra y Gente (2006-2007), en posesión de la riqueza y todo el bien de Dios (2008) en la toma de las naciones a través de Gobierno Espiritual (2009) en la multiplicación de las finanzas y empresas (2010) en la multiplicación de gente de reino (2011) en el dominio de Dios en las naciones con libertad y justicia para todos (2012). Sin embargo, la voluntad de Dios no es sólo el territorio Venezolano bajo Dios, sino Latinoamérica bajo Dios, el mundo bajo Dios. Todos somos hijos muy amados por Dios, somos una familia humana cumpliendo la misión de Dios; expandiendo el mensaje del evangelio a las naciones a través del discipulado Cuando reconocemos a Dios como nuestro Padre, ese ideal puede hacerse realidad. En el contexto de esta expansión y dominio; y ante la perspectiva de hacer de cada promesa bíblica un asunto vivencial real, encomendamos a cada quien seguir las claves dadas para el 2006; teniendo Precisión para que lo de Dios se active en cada vida, ejerciendo señorío o gobierno en las familias, esto es la conquista de los lugares mas cercanos a tu entorno; para que seas recompensado y sostenido por la palabra, ejercitando la búsqueda y el conocimiento de Dios en Oración; todo dentro de un Orden para que descienda la gloria de Dios en Conexión con la fe de vivir y ver materializadas las promesas en nuestros días; caminando por propósito en santidad para finalmente alcanzar la victoria en el designio eterno. En definitiva sabemos que las naciones tienen una historia en común cuando se trata de legitimar conquistas. Abraham recibió de gracia esta promesa de Dios, originada en génesis 12:7 “A tu descendencia daré esta tierra” y recibió un territorio para ejercer soberanía; En este pasaje Dios promete grandeza para Abraham; y lo bendijo de muchas formas, incluyendo las bendiciones financieras; En Gálatas 3 Dios promete dar a todos los creyentes las bendiciones de Abraham, por lo cual entendemos claramente que hemos sido llamados a restituir y a patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra herencia y soberanía. Abraham fue designado y probado como el «padre» y prototipo de todos aquellos que andan en su camino de fe y experimentan el proceso de redención en su relación con Dios mediante fe para correr riesgos, fe para confiar y fe para rendirse ante Dios nuestro padre. El Señor quiere que prosperemos, espiritual, emocional, física así como materialmente. Afirmo ante la historia y ante Dios que estamos en un tiempo clave y trascendental para el territorio amado por Dios y llamado “América Latina. El esplendor de América no reside en sus vastos recursos ni en su inmensa prosperidad. Reside, en la vida y propósito insuflados por Dios en el momento mismo de la creación de su obra maestra. Las bendiciones son nuestras, por su promesa, y quienes así lo hagan, heredaran la tierra. Caminemos pues, hacia la posesión de nuestra herencia, hacia la conquista de nuestro territorio para ejercer soberanía.

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